El cuerpo de la marioneta ni puede abandonarse limitándose a colgar de los hilos, ni debe desparramarse arrastrándose con torpeza sobre el tapiz.

Entre la marioneta como objeto y la marioneta como sujeto es donde ha de situarse el operador. Su labor es crear el puente de transición sobre el vacío que separa ambos conceptos. Debe generar y absorber, simultáneamente, la energía cinética de la que se nutre su personaje, sin romper ninguno de los ejes de su línea de gravedad: sólo de este modo podrá protagonizar por sí misma la vida que se le otorga.